El láser constituye una forma de energía luminosa perteneciente al espectro de los infrarrojos (10600 nm) que, desde el punto de vista físico, presenta un rango de longitud de onda muy estrecho y definido, con los fotones ordenados en fase, tanto en el espacio como en el tiempo. Según el sistema que se utilice para la producción del mencionado haz de energía luminosa se distinguen diversos tipo de láser con utilidades particulares y definidas en función de las características físicas del mismo.

En Otorrinolaringología el tipo de láser más utilizado es el de CO2, si bien existen otras clases, como el láser YAG (ambos disponibles en nuestro Centro), para su uso en indicaciones determinadas.

El mecanismo de acción del láser radica en que la energía suministrada por él es absorbida por el agua de los tejidos, donde libera su potencial calorífico, produciendo un efecto de corte y/o de coagulación. Su gran ventaja, que le hace idóneo para su uso en Otorrinolaringología, radica en la precisión del corte producido, en su capacidad de reducir el sangrado tanto en cuanto coagula los pequeños vasos (efecto hemostático) a la vez que corta el tejido deseado y en que, gracias a todo ello, se reduce a mínimos la reacción de los tejidos corporales al traumatismo que toda cirugía supone. Presenta, además, otra ventaja añadida muy apreciada por los Otorrinolaringologos (que trabajamos en cavidades anatómicas muy estrechas) como es el hecho de que es posible ejercer acciones de corte o coagulación a distancia sin necesidad de introducir elemento mecánico alguno tanto en cuanto como luz que es el láser, con solo apuntar el haz luminoso al objetivo de nuestra acción se consigue el efecto deseado. A todo ello se une la posibilidad de ejercer un control absoluto sobre la profundidad de corte y la rapidez que imprime al proceso, lo que permite acortar los tiempos quirúrgicos y, por lo tanto, los tiempos de anestesia.

Su utilidad abarca la práctica totalidad de la especialidad de ORL, si bien resulta especialmente apreciado para la extirpación de lesiones benignas o malignas, para la coagulación de formaciones vasculares y para la reducción volumétrica de tejidos hipertróficos, con lo que se evitan extirpaciones mayores y más traumáticas.

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